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Vive Extremadura en Agosto


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Vive Extremadura


VIVIR EXTREMADURA, también en verano..


Ya a la Venta Nº 34 de Vivir Extremadura

Ya está listo el número 34 de la revista Vivir Extremadura y llega con música, música de La Shica, música de Gecko Turner, música de Maggot Brain… pero también con aventuras para este verano… ¡Vamos por partes!.

La Shica. A ritmo de vida.

“Se atreve con todo, pero solo hace lo que le apetece. Le gusta jugar, divertirse y divertir. Se lanza a hablar mientras dispara su amplísima sonrisa allá donde mire. Se la pregunta si tiene miedo a algo y nos dice ‘¡¡¿Miedo a qué shiquilla?!!!’…”

Gecko Turner. Un lenguaje auténtico

“Antes de comenzar la entrevista, se revuelve el pelo y con media e incitadora sonrisa nos pregunta ‘¿Estoy bien despeinado?’. Gecko vive entre instrumentos y nos da la impresión de que todos hablan. Gecko lo hace despacio y siempre con una media sonrisa. Se refiere a su música como algo natural, como alguien con la que vive. Así son sus trabajos: naturales. Se tienden como puentes ligeros entre la Península Ibérica, África y América…”

Maggot Brain. Eterno Rock and Roll

“Los chicos ya no son jóvenes, y eso solo puede ser bueno”. Son palabras de Pepe Regidor que recogemos porque hemos comprobado que es así. Son diez años los que cumple esta banda de músicos cacereños, Carlos, Jesús, Pachi y Mario. Cuatro espíritus que, es cierto, lo corroboramos, hacen sentir al máximo al que está con ellos. Sin complejos, sin prejuicios irrumpen en la música haciéndose poco a poco un hueco en los foros más exigentes. Ahora, cómo no hablar del escenario que comparten con Bob Dylan o de la admiración reconocida por la banda californiana Mother Superior o por Bootsy Collins. Han cumplido sueños, como que la banda de su adolescencia, Los Godfather, se declare fans de Maggot Brain y que les invite a tocar en Londres en su 25 aniversario…”

Y para este verano…

Descenso de Barrancos en Extremadura

“Extremadura todavía no sale en los libros de barrancos. Todavía. Naturaleza, aventura y amistad quizás sean los ingredientes fundamentales de “esto del Descenso de Barrancos”: una nueva manera de disfrutar del agua en Extremadura…”

Esto y mucho más lo encontramos en las páginas de Vivir Extremadura.


LA RUTA DE LA VIDA ANTES DEL AGUA

“Viajero, cuando las máquinas del Plan Badajoz llegaron, ellos ya estaban allí. Ya habían hecho morada en el río antes de que brotara el agua. En alguna de estas casas hubo una escuela de letras regentada por monjes venidos de Mérida, en la de más allá, bellos mosaicos cantaban las aventuras de Orfeo, del dios que nos habían traído de Oriente. En otra, el gusto por los jardines franceses la convirtió en un oasis, en un locus amoenus.

Las vegas del Guadiana nos han dado una herencia impagable. Pobladas, cultivadas, alimentadas desde los primeros días del hombre, las caras del río son un testimonio imprescindible para desentrañar nuestro pasado. Los eruditos llaman secuencia poblacional a cómo se habita y se vive un mismo lugar a lo largo de la historia. Aquí no hay duda. Los lugares de la Ruta del Agua antes de la vida siguen manteniendo el aire inconfundible de los complejos agropecuarios que conocimos o imaginamos de herencia lusitana o romana…”

Esto es sólo un fragmento de la sección “La Casa de los Nómadas” de la revista Vivir Extremadura, en su último número 33. Un viaje, una aventura que merece leerse y vivirse. Sus autores, Rades y el Consejo Lusitano, ya nos dicen que este camino solo es para el viajero impertinente. “Habrás de atravesar cancelas, superar porteras canadienses, recorrer propiedades privadas (…) llevar tabaco que ofrecer a los guardeses, amansar a los perros, ahuyentar a las vacas, sortear manadas de caballos…”.


Recordando a Japón

En las zonas más altas de Jerte, del Valle del Jerte, aún podemos contemplar la belleza de la flor del cerezo. Y allí el silencio trae pensamientos y reflexiones. Pîenso en los cerezos japonenses. Pienso y leo a Rosa Mª Lencero. Un artículo publicado en el diario Hoy, y que merece ser releído y soñado.

Haikú del emperador

DEL violeta de las nubes / al morado de los iris / se dirige mi pensamiento». Aspiro un crisantemo de pena por el pueblo japonés. Otra vez más la Tierra azotó su rama negra de rabia. Estamos consternados por imágenes de violencia incontenida de un mar que ha dado a pintores japoneses veleros de algodón y gaviotas místicas, en acuarelas donde el cinabrio rojo es sol naciente sobre violeta de las aguas. Del bambú en jardín verde malaquita, la flor blanca del ciruelo, la orquídea o rosado cerezo, no queda nada. Archipiélago asentado sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico, nos lega infinitas estampas del Monte Fuji sobre seda o papel de arroz. Pinturas y grabados japoneses son de una espiritualidad permanente entre hombre y naturaleza, pero con una armonía transitoria, tan fugaz y frágil, como las paredes de madera y papel que hacen espacios vivos a las casas niponas. Sobre esa inestabilidad geológica donde se asienta Japón, de las más fluctuantes de la tierra, surge la fricción y colisión de las placas tectónicas que concentran más terremotos y volcanes. Los niños lo aprenden rápido y se resignan a llevar sobre la cabeza capuchitas sísmicas como gnomos de cuentos.

Los haikús son esencia de poesía japonesa. «Noche de escarcha. / ¿Cómo dormir / si el mar no duerme?» No duerme el mar. La gran ola de Kanagawa es una monstruosa mole de agua en tinta negra con un azul de Prusia encabritado de espuma en espirales terribles. Así fue. Un terror en el grabado y en la realidad, el océano engullendo ciudades vivas que se transforman en muertas: «A la primavera que pasa / las aves cantan / y son lágrimas los ojos de los peces». Entre tanta desolación apocalíptica encoge ver calles desérticas ordenadas de escombros, filas de personas educadas largas como un ciempiés dormido, enterramientos alineados en perfecto orden. «Un ruido. / Cavan una fosa / detrás de las camelias». Y Akihito, el soberano celestial, el emperador del Japón, el Enviado del Cielo, bajó del Trono del Crisantemo y habló: Cuídense unos a otros. Mi reverencia han sido estos haikús de poetas japonesas, de mujeres de alma y verso que estos días cubren de amor la tierra anegada de Japón. «Cortando la paja / bajo estrellas marchitas / mi guadaña golpea una tumba». Todos esperaremos el sol naciente de oriente, una vez más.

 

 


YA ESTÁ EN LA CALLE EL NÚMERO 33 DE VIVIR EXTREMADURA

El Maestro placentino Juan Mora nos habla de sus temores, sus sueños, sus riesgos y sus alegrías

Comenzamos sentándonos frente al Maestro. Sobre su figura, una cabeza de toro, uno de esos a los que mira directamente a los ojos, reta y vence. Fue un encuentro muy cálido en su casa de Las Rozas en Madrid. “El hombre que tenemos frente a nosotros parece un hombre frágil al que resulta difícil imaginar jugándose la vida. Después, y ya en la distancia corta, una poderosa mirada azul nos lleva a un hombre que desde hace ya un cuarto de siglo se viene asomando al riesgo, a la sangre. También a la muerte cada vez que por el portón de la plaza aparece el toro…”.

Pero en este número hemos mirado directamente a los ojos también al fotógrafo Jam Montoya que nos muestra parte de su última colección, “Action 2010”; a los ojos de Luis Sáez Delgado, que nos abre las puertas de la Editora Regional de Extremadura; a los ojos de Matías Macías, que nos habla de la Cofradía Extremeña de Gastronomía que él preside, y a los ojos, a los poderosos ojos de una Carantoña, que nos habla de su devoción al santo tras ese aspecto fiero y animal.

Un paseo por la Dehesa encontramos también en estas páginas. Un paseo para descubrir el despertar de la dehesa de la mano de versos y palabras de Ángel Campos, Miguel Murillo, Santos Domínguez, Rosa María Lencero, Álvaro Valverde, Irene Sánchez Carrón…

Y de la mano del Consejo Lusitano, volvemos a entrar en La Casa de los Nómadas. Hoy nos llevan a la “Ruta de la vida antes del agua” porque “Viajero, cuando las máquinas del Plan Badajoz llegaron, ellos ya estaban allí. Ya habían hecho morada en el río antes de que brotara el agua…”

Y un viaje al queso de Acehúche, y a las calles de Monsanto, en Portugal, y a las esencias que la primavera nos deja en nuestras mesas y a… No sigo. Venid a vivir esta aventura que os tiende la revista Vivir Extremadura.


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