LA RUTA DE LA VIDA ANTES DEL AGUA


“Viajero, cuando las máquinas del Plan Badajoz llegaron, ellos ya estaban allí. Ya habían hecho morada en el río antes de que brotara el agua. En alguna de estas casas hubo una escuela de letras regentada por monjes venidos de Mérida, en la de más allá, bellos mosaicos cantaban las aventuras de Orfeo, del dios que nos habían traído de Oriente. En otra, el gusto por los jardines franceses la convirtió en un oasis, en un locus amoenus.

Las vegas del Guadiana nos han dado una herencia impagable. Pobladas, cultivadas, alimentadas desde los primeros días del hombre, las caras del río son un testimonio imprescindible para desentrañar nuestro pasado. Los eruditos llaman secuencia poblacional a cómo se habita y se vive un mismo lugar a lo largo de la historia. Aquí no hay duda. Los lugares de la Ruta del Agua antes de la vida siguen manteniendo el aire inconfundible de los complejos agropecuarios que conocimos o imaginamos de herencia lusitana o romana…”

Esto es sólo un fragmento de la sección “La Casa de los Nómadas” de la revista Vivir Extremadura, en su último número 33. Un viaje, una aventura que merece leerse y vivirse. Sus autores, Rades y el Consejo Lusitano, ya nos dicen que este camino solo es para el viajero impertinente. “Habrás de atravesar cancelas, superar porteras canadienses, recorrer propiedades privadas (…) llevar tabaco que ofrecer a los guardeses, amansar a los perros, ahuyentar a las vacas, sortear manadas de caballos…”.

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